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11-S: el día que emergió la República Imperial A 25 años de los atentados a las Torres Gemelas La caída de las Torres Gemelas de Nueva York marcó el inicio de una etapa expansiva de Estados Unidos en el Medio Oriente, de hipervigilancia de las sociedades occidentales y de atrocidades cometidas en nombre de los "valores occidentales". ![]() Si el asesinato de John Fitzgerald Kennedy implicó un giro radical para Estados Unidos en los años `60, qué no haría el atentado a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001. Porque ese día surgió con todo el ímpetu la República Imperial de la que ya en 1972 hablaba el francés Raymond Aron. De modo que no hacía falta escarbar demasiado en las consecuencias de aquella tragedia provocada por dos aviones de línea estrellándose en vivo y en directo contra el emblema del poder financiero mundial en el corazón de la única potencia dominante en el mundo desde hacía justo diez años. Ese 11-S murieron 2996 personas y se registró una veintena de desaparecidos, según el reporte final. Entre las víctimas fatales estuvieron 19 supuestos perpetradores del ataque, a los que las agencias de inteligencia identificaron de inmediato como integrantes de la red terrorista islámica Al Qaeda, liderada por el saudita Osama bin Laden. Si la pista para encontrar al asesino debe partir de quiénes se benefician con el crimen, (“cui bono” se decía en la antigua Roma) sin dudas que los atentados a las Torres Gemelas beneficiaron a quienes necesitan sociedades hipervigiladas, quienes acumulan sus riquezas con la venta de armas y quienes querían extender los dominios de Estados Unidos a todos los rincones del planeta. Es ahí donde las teorías conspirativas dan mucha tela para cortar. Y donde, al mismo tiempo, perviven verdades tan ocultas como quiénes estuvieron atrás del magnicidio de JFK. Las sospechas de un ataque pergeñado por el Estado Profundo o realizado con anuencia de servicios de inteligencia incluso de Israel o Gran Bretaña, se asientan en algunos datos por lo menos llamativos. Los aviones se precipitaron casi ante las cámaras de la televisión primero contra el complejo del Bajo Manhattan y 17 minutos más tarde en la Torre Sur. También hubo un avión que impactó de un modo inexplicable en el ala oeste del edifico del Pentágono, la sede de las fuerzas armadas de EEUU, del que no se vieron demasiados restos. Pero lo más misterioso fue el colapso del 7 World Trade Center, un mamotreto de 47 pisos a pocos metros de las Torres Gemelas, donde ninguna aeronave había chocado y se desplomó de manera sospechosamente vertical y hacia adentro. Allí había oficinas de la CIA, el Departamento de Defensa y la Oficina de Manejo de Emergencias, y el modo en que cayó, según los expertos en demoliciones, recuerda a las técnicas que se utilizan para demoler edificios de manera controlada. “Cayó como si hubieran puesto dinamita en sus bases que hubieran explotado simultáneamente”, dijo alguno de ellos, resguardando su identidad ya que este tipo de intrigas suele ser vista como complicidad con el terrorismo. Lo que si puede decirse con certeza es que George W. Bush no parecía el más despierto de los candidatos posibles para hacerse cargo de la presidencia de Estados Unidos en el año 2000. Con un historial de alcoholismo y de hijo malcriado del también presidente George H.W. Bush, quien antes había sido vice de Ronald Reagan y director de la CIA por un breve lapso, entre 1976 y 1977, mientras las dictaduras en América Latina emprendían una ordalía de sangre. Durante su único mandato presidencial, 1989-1993, GHWB fue testigo y protagonista de la disolución del principal contendiente de Estados Unidos, y de ponerse al frente de una coalición que enfrentó a Saddam Hussein cuando el presidente iraquí invadió Kuwait, en agosto de 1990. En febrero del `91, ordenó avanzar por tierra contra el régimen del que fuera colaborador de la agencia estadounidense. Pero no lo derrocó, tarea que quedaría pendiente para el díscolo GWB, quien llegó a la presidencia nueve meses antes del 11-S. Secundado por un equipo que venía trabajando en un proyecto imperial desde antes incluso de la llegada de GHWB al Salón Oval, pero que serían las mentes detrás del proyecto de su heredero. Dick Cheney, de secretario de Defensa con el padre, pasó a vicepresidente y casi con las riendas totales del Poder Ejecutivo en la gestión del hijo. James Baker, de secretario de Estado a jefe de Gabinete. Donald Rumsfeld, viejo conocido de Cheney, ocuparía el cargo de secretario de Defensa con GWB y sería clave en el diseño de la estrategia militar desarrollada hasta el 2009. Cuando votaron los muertos Un detalle que muestra el “Estado de la Unión” en las elecciones del año 2000 es el modo en que ganó Bush Jr. Competía con el vicepresidente de Bill Clinton, Al Gore, que defendía una agenda ecologista, pero no tenía demasiado carisma. El tercero, muy lejos, por el Partido Verde, era Ralph Nader. En las urnas, ganó el demócrata, por 543.895 votos de diferencia, 48,38% a 47,87%. En un sistema con colegio electoral, eso no se reflejó en el congreso, donde Bush Jr obtuvo 271 delegados contra 266. Pero en el camino hubo una controversia que mantuvo en vilo a la sociedad estadounidense, tan orgullosa de su sistema democrático que se cree con autoridad para imponerlo en el resto del planeta. En Florida, el distrito que gobernaba Jef Bush, hermano menor de Jr, el recuento venía cabeza a cabeza y al cierre del escrutinio había 1784 votos a favor de Bush. La secretaría de Estado de Florida ya estaba por levantar el brazo del republicano cuando desde el otro lado le dijeron que no podía cantar triunfo porque ella había hecho campaña por el retador. Además, los demócratas descubrieron chanchullos de “país bananero” y pidieron un recuento de votos a mano, mientras que los republicanos insistían con las máquinas electrónicas. Al cabo de 35 días de chicanas mutuas -se dijo que habían votado hasta los muertos- la Corte Suprema, controlada por los conservadores, dio ganador a Bush Jr por 537 sufragios. Ya en el poder, el equipo imperial se ocupó desde el 20 de enero de 2001 de poner en la cancha el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC en inglés) pergeñado por los ultraconservadores William Kristol y Robert Kagan, personaje este llamado a tener un rol central en los sucesos que se desarrollarían en el este de Europa desde entonces, y fundamentalmente por su esposa, Victoria Nuland. El «siglo americano» El PNAC, según los críticos, pretendía una Pax Americana en términos de “están con nosotros o son nuestros enemigos” y serán considerados como terroristas. Ese arsenal de argumentos y justificaciones salió a la luz repentinamente ese trágico día de la mano. Entre los objetivos principales de la PNAC, según su Declaración de Principios -que hoy día es imposible encontrar en archivos de internet- era promover el liderazgo global estadounidense mediante fuertes y efectivas intervenciones militares. “A medida que el siglo XX llega a su fin, Estados Unidos se erige como la potencia preeminente del mundo. Después de haber llevado a Occidente a la victoria en la Guerra Fría, Estados Unidos enfrenta una oportunidad y un desafío: ¿Tiene Estados Unidos la visión para aprovechar los logros de décadas pasadas? ¿Tiene Estados Unidos la determinación de dar forma a un nuevo siglo favorable a los principios e intereses estadounidenses?”, plantea la hoja de ruta que firmaron los “padres fundadores” de esta iniciativa el 3 de junio de 1997. Por orden alfabético, primero le tocó estampar su rúbrica a Elliot Abrams, de notoria participación en los 80 en la financiación de milicias genocidas en América Central -los Escuadrones de la Muerte-mediante una operación conocida como el Escándalo Irán-Contras por el que llegó a ser condenado y luego indultado por Bush padre. El último entre los firmantes fue Paul Wolfowitz, quien pasó de la academia a promover intervenciones estadounidenses desde la subsecretaría de Defensa con GWB o cuando fue embajador en Indonesia, donde apoyó al dictador Suharto, quien también tuvo sus milicias criminales, que asesinaron a alrededor de un millón de personas entre 1965 y 1967, la mayoría miembros del Partido Comunista de Indonesia (PKI). “Necesitamos aceptar la responsabilidad por el papel único de Estados Unidos en la preservación y extensión de un orden internacional amigable con nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”, escribían en esa lejana mitad del año ’97. “Una política reaganiana de fuerza militar y claridad moral tal vez no esté de moda hoy en día. Pero es necesario si Estados Unidos quiere aprovechar los éxitos del siglo pasado y garantizar nuestra seguridad y nuestra grandeza en el próximo”, concluía el texto. La organización se disolvió en 2006, cuando ya era evidente de que sus iniciativas, en realidad, habían logrado enterrar el predominio estadounidense en el oprobio en Irak y Afganistán. Pero la influencia en las líneas fundamentales siguen aún y hasta abril de 2024 Victoria Nuland fue subsecretaria de Estado de la administración Biden, tras haber ocupado altos cargos también en las gestiones de Obama .cuando promovió el golpe en Ucrania contra el presidente Viktor Yanukovich, en 2104-y de GWB. “La magnitud del gasto del Pentágono tras los ataques del 11 de septiembre fue notable”, dice William D. Hartung, director del Programa de Armas y Seguridad del Centro de Política Internacional del Watson Institute de la Universidad Brown de Providence, Rhode Island, Estados Unidos. El autor registra de fuentes oficiales que el aumento del gasto militar estadounidense entre el año fiscal 2002 y el 2003 superó todo el presupuesto militar de cualquier otro país, incluidos las principales potencias como China, Rusia, el Reino Unido, Alemania y Francia y que en ese clima político posterior el 11-S, “los aumentos en el gasto del Pentágono fueron mucho más allá de los gastos específicamente vinculados a librar las guerras en Irak y Afganistán. Destaca ese trabajo una frase en el The Wall Street Journal de octubre de 2001 de uno de los beneficiarios de esa catarata de dinero, Harry Stonecipher, entonces vicepresidente de la empresa Boeing: «la bolsa está ahora abierta… cualquier miembro del Congreso que no vote por los fondos que necesitamos para defender esto deberá buscar un nuevo trabajo después del próximo noviembre”. Militarización extrema Al mismo tiempo se expandieron las bases militares de Estados Unidos alrededor del mundo. El total de bases para abril de 2023 fue de 750 en todo el mundo, la mayoría en Alemania y Japón (119 y 120 respectivamente) y Corea del Sur (73), seguidos por Guam, en Oceanía, con 54, y un poco más atrás, Italia, Puerto Rico, el Reino Unido y Portugal, con entre 20 y 44 bases. La cantidad de tropas en cada uno de estos “cuarteles” está en consonancia. En Japón había casi 54.000 soldados, en Alemania 34.000 y en Surcorea 26.000. Lo concreto es que la invasión a Afganistán se produjo cuando no había pasado un mes de los ataques a las Torres Gemelas, el 7 de octubre, en el marco de lo que el gobierno de GWB denominó la Guerra contra el Terrorismo y con la excusa de que los talibanes que estaban en el poder no querían entregarle a Osama bin Laden, acusado de haber organizado los atentados con el grupo Al Qaeda. Luego vendría la era de la vigilancia sobre los individuos tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Una nueva había comenzado para el mundo. *Extractos del libro Cerca del Apocalipsis o Cómo se fue construyendo la Tercera Guerra Mundial Viernes, 11 de septiembre de 2026 |