Se impuso por 2 a 0 en Boston con goles de Mbappé y Dembélé
Francia, el primer semifinalista: le ganó como y cuando quiso a Marruecos
Los dirigidos por Deschamps dominaron el trámite y, si no obtuvieron una ventaja más amplia, fue porque Bono, el arquero marroquí, le atajó un penal a Mbappé y tapó otras cinco pelotas de gol.
Jueves, 9 de julio de 2026

Francia hizo una nueva demostración de poder. Es el primer semifinalista de la Copa del Mundo porque le ganó 2 a 0 a Marruecos en Boston sin más complicaciones que las que le provocaron los 34 grados de sensación térmica con los que se jugó el partido. Superior de principio a fin, con una paleta completa de recursos individuales y colectivos, debió haber ganado por una diferencia más amplia. Pero Bono, el arquero marroquí, sacó cinco pelotas de gol, le atajó un penal a Kylian Mbappé a los 24 minutos del primer tiempo y sostuvo hasta donde le dieron las manos al último equipo africano que quedaba en la Copa del Mundo.
Mbappé tomó revancha de aquella mala ejecución desde los once metros, tras una falta que le había cometido Mazraoui y que cobró sin dudar Facundo Tello, el árbitro argentino. A los 14 minutos del complemento, quebró la cintura ante el marcador Issa Diop, se fabricó el claro al borde del área grande y colocó su disparo de derecha junto al palo izquierdo, muy lejos del vuelo de Bono. Su octavo gol en lo que va del torneo lo vuelve a poner en la misma línea que Lionel Messi en su pelea por el primer escalón de la tabla de goleadores. Más abajo esperan el noruego Erling Haaland (7 goles), el inglés Harry Kane (6) y Ousmane Dembélé (5), que seis minutos después de Mbappé, cerró la cuenta con otro remate certero desde fuera del área.
Francia enfrentará el martes 14 en Dallas (Texas) al ganador de España-Bélgica en una semifinal con todo el aspecto de una auténtica final del mundo. Al equipo que todavía dirige Didier Deschamps (se irá luego del Mundial), es difícil encontrarle puntos vulnerables: defiende y ataca con mucha gente, sus transiciones son muy veloces en ambos sentidos, sus líneas siempre están cercanas, sus hombres se disponen siempre a diferentes alturas; cuando tiene la pelota, la mueve a lo ancho con gran paciencia hasta encontrar el claro y, cuando no la tiene, presiona con gran determinación, se la hace perder rápido a su rival y vuelve a empezar.
Apenas a los cinco minutos del primer tiempo, Bono ya le había sacado un tiro desde afuera a Mbappé y un cabezazo a Dembelé. Después de detener el penal que Mbappé le remató suave a su izquierda, le sacó otra entrada a Doué y arañó con la punta de los dedos un zurdazo de Digne que reventó en el travesaño. En esa etapa (y luego también hasta que fue reemplazado por Zaire-Emery), Koné fue el dueño de la presión y el toque de la media cancha y su cuarteto ofensivo (Olise más retrasado, Dembélé, Mbappé y Doué) un mensaje de gol inminente en cada carga.
Marruecos quiso repuntar con algunos contraataques en los primeros diez minutos del segundo tiempo. Pero los dos goles pegados de Mbappé y Dembelé desalentaron cualquier expectativa. Francia liquidó el partido como y cuando quiso, y Mbappé hasta se dio el lujo de dejar de jugar los últimos veinte minutos, abrumado por el calor y convencido de que ya no tenía sentido hacerlo. En poco más de una hora, la tarea ya había sido completada.
Esta Francia es mejor que aquella que salió subcampeona de Qatar. Tiene más variantes, mejores jugadores y da una sensación de solidez, contundencia y autoridad que hace tres años y medio no daba. Deberá corroborarlo en la semifinal del martes para llegar a su tercera final del mundo consecutiva. Algo que ya consiguieron Alemania (1982, 1986 y 1990) y Brasil (1994, 1998 y 2002) y que los franceses también están en condiciones de alcanzar. Con todo ese fútbol que se les cae de los bolsillos.
Jueves, 9 de julio de 2026