OTRO ÉXITO DEL CINE NACIONAL
Cómo es “La ilusión de un verano sin fin”, la película argentina premiada en San Sebastián
El documental de Alessandra Sanguinetti, que obtuvo el premio Horizontes Latinos y el Premio de la Juventud, sigue durante 25 años la vida de dos primas en la pampa bonaerense. Ya había sido distinguido con tres galardones en el Festival de Locarno.
Martes, 29 de septiembre de 2026

Dos niñas juegan, se bañan en el río, fantasean con el futuro y atraviesan esos veranos de la infancia que parecen no terminar nunca. Después crecen, trabajan, se convierten en madres y sus vidas toman caminos diferentes. Durante 25 años, la fotógrafa Alessandra Sanguinetti acompañó con su cámara a Guillermina Aranciaga y Belinda Stutz, dos primas a las que conoció cuando tenían nueve y diez años en una zona rural de la provincia de Buenos Aires.
De ese registro nació La ilusión de un verano sin fin, el documental argentino que acaba de obtener el premio principal de la sección Horizontes Latinos de la 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La película recibió además el Premio de la Juventud, elegido por 150 jóvenes de entre 18 y 25 años.
Los reconocimientos en el certamen vasco se suman a los tres que había conseguido en agosto en el Festival de Locarno, donde obtuvo el Leopardo de Oro a la Mejor Película de la sección Cineasti del Presente, el Premio Swatch First Feature a la Mejor Ópera Prima y una Mención Especial del Jurado Joven.
Pero la historia de la película había comenzado mucho antes. En 1999, Sanguinetti empezó a fotografiar a Guillermina y Belinda en la pampa bonaerense, en una zona comprendida entre General Guido, Dolores y Maipú. El proyecto combinaba retratos fotográficos de gran formato con registros en video y, con los años, terminó convirtiéndose en un enorme archivo sobre dos vidas.
El documental, de 93 minutos, lleva ese trabajo a la pantalla y acompaña a sus protagonistas desde la infancia hasta los 34 y 35 años. Las imágenes registran los juegos, las tardes junto al río y los sueños infantiles, pero también el trabajo, las relaciones, la maternidad y las transformaciones que impone el paso hacia la vida adulta.
En lugar de funcionar simplemente como telón de fondo, el tiempo se convierte así en uno de los materiales centrales de la película. Las fotografías dialogan con las imágenes en movimiento y permiten observar no sólo cómo cambian Guillermina y Belinda, sino también cómo permanece o se transforma el paisaje que las rodea.
Sanguinetti definió esa experiencia durante la presentación en San Sebastián como algo parecido a mirar un álbum familiar. “No solo por ellas, sino porque cada momento me remite a un momento de mi vida”, explicó. Después de un cuarto de siglo de relación, la cámara prácticamente dejó de ser un elemento extraño para las protagonistas: “La naturalidad con la que Guille y Beli se dejan filmar es única, nunca se preocupan por cómo salen. Yo ya soy de dentro”.
La ilusión de un verano sin fin es, en ese sentido, tanto un relato sobre el crecimiento como una historia construida a partir de una intimidad compartida durante décadas. La cercanía entre la realizadora y las dos mujeres permite que la película se aleje de una observación externa sobre la vida rural y se acerque a los pequeños acontecimientos que terminan dando forma a una existencia.
La ilusión de un verano sin fin, una mirada femenina sobre el campo
Otro de los ejes del documental es la representación de las mujeres en el ámbito rural argentino. Sanguinetti señaló que buena parte del imaginario tradicional sobre el campo fue construido alrededor de figuras masculinas y vinculó esa tradición incluso con el Martín Fierro, de José Hernández.
Su trabajo con Guillermina y Belinda propone otra perspectiva: la vida en el campo aparece observada desde las experiencias, fantasías y vínculos de dos mujeres, primero niñas y luego adultas. No hay solamente paisaje, animales y tareas rurales, sino amistad, cuerpos que cambian, maternidades, deseos y expectativas sobre aquello que puede ofrecer el futuro.
Al recibir el premio en San Sebastián, Sanguinetti definió La ilusión de un verano sin fin como “un poema, una carta de amor al campo argentino, Argentina y a tanta belleza que está en mucho peligro”. La directora agregó su deseo de que ese mundo pueda preservarse y acompañó sus palabras con declaraciones políticas sobre la Argentina y Palestina.
La sensibilidad visual del documental está directamente relacionada con la extensa trayectoria de Sanguinetti como fotógrafa. Nacida en Nueva York en 1968, llegó a Buenos Aires cuando tenía dos años y vivió en la Argentina hasta 2003. Estudió Antropología en la Universidad de Buenos Aires y luego se formó en el International Center of Photography de Nueva York.
Desde 2007 integra Magnum Photos y sus fotografías forman parte de colecciones como las del MoMA de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art, el Museum of Fine Arts de Houston y el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. A lo largo de su carrera recibió, entre otras distinciones, las becas Guggenheim y Hasselblad.
El vínculo con Guillermina y Belinda ya había dado lugar a una importante obra fotográfica antes de convertirse en película. Sanguinetti publicó The Adventures of Guille and Belinda and the Enigmatic Meaning of Their Dreams y continuó desarrollando la serie durante los años siguientes. En 2024, la Fundación Henri Cartier-Bresson de París le dedicó una retrospectiva al proyecto.
De Locarno a San Sebastián
La ilusión de un verano sin fin, coproducción entre Argentina y Estados Unidos y producida por Sanguinetti junto con la cineasta argentina Julia Solomonoff, tuvo una destacada trayectoria internacional incluso antes de llegar al festival español.
En agosto se convirtió en una de las películas argentinas más premiadas de la 79ª edición del Festival de Locarno. Allí, el jurado destacó su “profunda sensibilidad visual al capturar el paso del tiempo y las sutilezas de la juventud” y la manera en que Sanguinetti trasladó su experiencia fotográfica a la narración cinematográfica. En aquella ceremonia, la directora también dedicó el reconocimiento a la Argentina y cuestionó al gobierno de Javier Milei. “Espero que Argentina pueda deshacerse de este gobierno que tenemos ahora, para que toda la belleza que ustedes vieron en la película pueda continuar”, expresó.
Poco más de un mes después, el recorrido internacional continuó en San Sebastián. Allí compitió en Horizontes Latinos con otras once producciones de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Paraguay y terminó llevándose el principal reconocimiento de la sección. A ese premio se agregó el de la Juventud, una coincidencia significativa para una película que comenzó precisamente mirando a dos niñas y terminó registrando qué ocurrió cuando aquel verano aparentemente interminable de la infancia finalmente dio paso a la vida adulta.Martes, 29 de septiembre de 2026