Sábado, 5 de Septiembre de 2026
05/09/2026 11:05:28
JUSTO Y NECESARIO
Alejandro Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa de la UBA y convirtió el homenaje en una reflexión sobre la vida

Más de 700 personas participaron de la ceremonia en la Facultad de Ciencias Sociales. En su discurso, el escritor y conductor reivindicó la educación pública, cuestionó las prioridades oficiales y bromeó sobre su condición de “impostor” dentro del ámbito académico.

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Sábado, 5 de septiembre de 2026

Alejandro Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, la máxima distinción honorífica que otorga esa institución a personalidades destacadas de distintas disciplinas. El reconocimiento distingue su trayectoria intelectual y artística y su aporte a la cultura argentina.

La ceremonia se realizó en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, ante un salón colmado por más de 700 personas. Participaron el rector de la UBA, Ricardo Gelpi; el vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales, Diego de Charras; el director del Ciclo Básico Común, Felipe Vega Terra; la directora de la carrera de Comunicación, Larisa Kevjal; y el director de la carrera de Ciencia Política, Miguel de Luca, además de autoridades universitarias, docentes, nodocentes, estudiantes, invitados especiales, amigos y familiares del homenajeado.

De Charras tuvo a su cargo las palabras de bienvenida y destacó el vínculo entre Dolina y la Facultad de Ciencias Sociales. “Este diploma es la máxima distinción de nuestra universidad y busca reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas pero que es tanto más importante porque en esta casa de estudios nos dedicamos a estudiar la cultura popular. La presencia de Alejandro atraviesa la formación de nuestros estudiantes a lo largo de toda la historia de esta Facultad”, señaló.
Luego, Kevjal pronunció el elogio académico, en el que repasó distintos aspectos de la trayectoria de Dolina y la permanencia de su obra en el imaginario cultural. “Dolina, quizás a su propio pesar, ha dejado de ser solamente un hombre. Su nombre se volvió adjetivo, verbo, una forma de retórica argumentativa: A lo Dolina. Eso es dolinesco. Eso es doliniano”, afirmó.

La directora de Comunicación también destacó la expansión de sus personajes más allá de sus libros y programas. En ese sentido, mencionó la plaza de Flores que lleva el nombre de uno de sus personajes, El Ángel Gris, como expresión de la influencia de su ficción sobre la realidad. “Es el triunfo de la prosa. La demostración de que la ficción puede cruzar la frontera de la página e intervenir sobre la realidad”, sostuvo.

Al finalizar su intervención, Kevjal agradeció a Dolina por “haber construido durante décadas un lugar al que millones de personas pudimos entrar, donde todavía cabe la imaginación, el humor, la música, la literatura, el amor, la melancolía y, por supuesto, las palabras”.


Las palabras de Dolina

Tras recibir el diploma y la medalla que formalizan la distinción, Dolina se dirigió al auditorio, que lo despidió con una ovación de pie. En su discurso habló sobre la alegría, la melancolía y su propia relación con el ámbito académico.

“Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza. No porque uno sienta los achaques, sino porque uno comprende mejor la naturaleza humana, siendo ésta trágica”, expresó.

Dolina también se refirió al carácter público de la universidad y al sentido que encontraba en el encuentro con quienes habían participado del homenaje. “Por eso estamos aquí en una universidad pública, porque aquí es donde se recibe pero también donde se da, y donde se produce a veces durante un ratito, un momento de comunión siendo que nuestra vida en general es solitaria”, dijo.

Dolina compartió el cierre del encuentro con Gabriel Rolón.
El escritor y conductor se permitió además ironizar sobre su incorporación simbólica al mundo universitario. “No puedo evitar sentirme un poco farsante, sentirme un poco impostor. Evidentemente yo no provengo del mundo académico”, afirmó. Y, fiel a su estilo, rechazó la idea de que su formación pudiera resumirse en una supuesta “universidad de la calle”: “Las cosas que se aprenden en la esquina no siempre son académicamente interesantes”.

En el tramo final de su discurso, reivindicó la educación universitaria como espacio de aprendizaje e intercambio y cuestionó las prioridades de los gobiernos en materia educativa. “Si uno quiere aprender verdaderamente, estudiar y aprender, pero además vivir todo ese mundo maravilloso de intercambio, de sensaciones y de reflexiones acerca de la constitución de la realidad es mejor que vaya a la universidad y no al boliche de la esquina”, planteó.

“Deberían entenderlo así quienes los estados nacionales gobiernan y propender cuando se trata de educación a preferir la inauguración de universidades y colegios antes que las de parrilladas”, concluyó. El homenaje terminó con una conversación entre Dolina y Gabriel Rolón, presentada como un encuentro entre dos amigos, ante el público que había acompañado la ceremonia.


Sábado, 5 de septiembre de 2026

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