Efemérides
A 213 años del Combate de San Lorenzo, entre la historia y la épica fundacional
El historiador Mario Andino analiza el significado del enfrentamiento de 1813, el mito heroico que lo rodea y el verdadero alcance militar y simbólico del bautismo de fuego de San Martín y los Granaderos a Caballo.
Martes, 3 de febrero de 2026

El Combate de San Lorenzo, ocurrido el 3 de febrero de 1813 a orillas del río Paraná, ocupa un lugar central en la memoria histórica argentina. Breve en su desarrollo, pero decisivo en su impacto simbólico y militar, fue la primera victoria de José de San Martín en suelo patrio y el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo. A 213 años de aquella jornada, el historiador Mario Andino invita a mirar el episodio con una lente más amplia, que combine el rigor histórico con la comprensión de la épica que ayudó a fundar una idea de nación.
“Hay un montón de hechos históricos iguales o más relevantes por sus consecuencias, incluso que el combate de San Lorenzo”, señala Andino, pero advierte que existe algo particular en este episodio: “hay algo en la épica, en la épica militar, en el tema de la heroicidad militar, en el origen de las naciones, que siempre llena mucho la emoción”. Esa construcción épica, explica, no es casual ni ingenua. “Siempre se construye una épica, y una épica es una forma de mantener unida la emoción en torno a la idea de nación”, afirma.
Desde el punto de vista estrictamente militar, San Lorenzo fue un combate —más que una batalla— e incluso una escaramuza, como suelen definirla algunos historiadores. Andino precisa que “se lo conoce como un combate más que batalla”, y detalla que las pérdidas fueron acotadas: 14 granaderos muertos y alrededor de 40 bajas del bando realista. En ese marco, propone también revisar las categorías con las que se suele contar el enfrentamiento: “yo prefiero hablar aquí de revolucionarios y realistas”, ya que muchos de los combatientes habían nacido bajo el Imperio español y compartían un mismo origen colonial.
Lejos de una confrontación entre identidades nacionales ya consolidadas, el Combate de San Lorenzo reunió a hombres provenientes de distintos puntos del antiguo Virreinato. Entre los granaderos había correntinos, santiagueños, puntanos y porteños; del lado realista, no solo había españoles peninsulares, sino también soldados nacidos en la Banda Oriental, actual Uruguay. Esa diversidad da cuenta de un tiempo de transición, en el que comenzaba a gestarse lo que luego serían las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Uno de los momentos más recordados del combate es la caída de San Martín herido y el gesto de Juan Bautista Cabral, convertido en símbolo del sacrificio patriótico. Sin embargo, Andino introduce matices a la versión más difundida. “Cabral es un muerto que pasa a la fama, a la fama póstera”, afirma, y agrega que existe “un mito muy grande sobre su actuación”. Según explica, Cabral fue uno de los granaderos que desmontó al ver caer al caballo de San Martín, herido por un proyectil y aprisionado bajo el animal. Junto a él actuó Juan Bautista Baigorria, quien sobrevivió, mientras que Cabral perdió la vida en esa primera defensa del jefe caído.
Sobre los detalles finales de su muerte, Andino es cauto: “si después fue un chuzazo por la espalda o no, bueno, eso es una circunstancia que es muy difícil de conocer”, aunque aclara que su fallecimiento figura en el parte de batalla. Destaca además el origen de Cabral: “un hombre zambo, nacido hijo de guaraní y de esclava africana”, oriundo de Saladas, Corrientes, donde hoy un monumento lo recuerda con orgullo. Para el historiador, este dato refuerza la idea de que las tropas revolucionarias estaban formadas por hombres del territorio que comenzaba a pensarse como una nueva entidad política.
Más allá de la épica, Andino subraya la importancia estratégica del combate como primer hecho de armas de San Martín en el Río de la Plata. “Lo importante fue el primer hecho de armas de San Martín, el bautismo, y que puso a prueba ese regimiento de granaderos que él mismo había contribuido a formar”, explica. El cuerpo fue diseñado a partir de modelos europeos que San Martín conocía en profundidad, en especial del ejército francés, y concebido como una fuerza de élite.
No se trataba, aclara, de una élite social, sino militar. Los Granaderos a Caballo se caracterizaban por una exigente formación, una destacada preparación física y un entrenamiento riguroso. “Por eso es que siempre, para él, era una distinción llamar a los granaderos a caballo”, señala Andino, y vincula esa concepción con la sólida formación previa que San Martín había recibido en España.
A más de dos siglos del Combate de San Lorenzo, su recuerdo sigue operando en dos planos simultáneos: como episodio histórico concreto y como mito fundacional. En esa tensión entre realidad y épica, entre datos y símbolos, se construyó una de las narrativas más persistentes de la historia argentina, que todavía hoy invita a pensar el origen, los valores y los sacrificios que marcaron el camino hacia la independencia.Martes, 3 de febrero de 2026