Domingo, 3 de Mayo de 2026
03/05/2026 12:49:58
LOS PIRATAS
La operación Malvinas duró un suspiro: a Trump le volvió su amor por el Reino Unido

"Nos une una relación única que será por siempre insustituible e inquebrantable", dijo tras difundir que soltaría su apoyo histórico, en represalia por la inacción británica en Irán, y que Argentina lo celebre.

Compartir en Facebook    Compartir este artículo en Twitter    Compartir este artículo en Telegram    Compartir este artículo en WhatsApp    Compartir este artículo en Linkedin    Imprimir esta nota
Domingo, 3 de mayo de 2026

Día tras día, y a veces hora tras hora, Donald Trump entra en cortocircuito. No es fácil entenderse con este hombre. Es siempre complicado hablar con un deficiente mental, y mucho más llegar a acordar algo con él. No es un sujeto cualquiera, es el jefe de las fuerzas armadas más poderosas del planeta, y por su cabeza enferma pasa todo lo importante del mundo. Lo dicen los científicos: el presidente de Estados Unidos, nada menos, es un caso psiquiátrico grave (peligroso), de ahí que creerle cualquier cosa, y más todavía dar por cierto lo que de entrada se admite que no es más que una filtración de la que nadie se hace cargo, eso es caer en la mayor de las estulticias. Eso pasó esta semana cuando una agencia de noticias dijo que le soplaron que en la cuestión Malvinas Trump le quitaría el apoyo a Gran Bretaña.

Si alguien cree que de pronto el territorio argentino de las Malvinas se vuelve peligroso, en este caso porque uno dijo que Trump dijo que le quitaría el respaldo norteamericano a la política imperial de Gran Bretaña, es obvio entonces que en la metrópoli reaccionen en consecuencia. Más que estulticia, sería caer en un grosero caso de incultura, pensar que el mundo es una fotografía y que algo se puede cambiar en ella sin que cambie el todo. Los marxistas le llaman dialéctica. En Londres, a puro trascendido alegremente recogido por los medios, admiten que las fuerzas armadas argentinas no son un peligro –incluso dijeron que están militarmente peor que en 1982–, pero por las dudas piden refuerzos: más hombres y más equipos en la aviación, en la marina y en tierra. Y una buena dotación de drones.

En Buenos Aires, sólo el gobierno compró el chisme que decía que en el Pentágono yacía un escrito en el que el presidente amenazaba a Gran Bretaña, su fiel aliado de toda la vida, como si de Irán o Cuba se tratara. Por reflejo, sobre todo, la cancillería dijo que sería de su agrado establecer un diálogo bipartito, tal como lo mandan las infinitas resoluciones del Comité de Descolonización de la ONU, prolijamente violadas por Londres con apoyo de Washington. Actuaron pensando en un imaginario espaldarazo de Trump. Ignoraron la historia de cabo a rabo. Incluso que en 1982 el gobierno del entonces presidente Ronald Reagan ni se molestó en agradecer el entrenamiento que los militares argentinos les estaban dando en ese mismo momento a los comandos asesinos de los “contras” nicaragüenses. Lo primero era y es Gran Bretaña, y la cancillería argentina debería saberlo.

La operación Malvinas duró un suspiro: a Trump le volvió su amor por el Reino Unido
¿Y si la versión sobre el correo electrónico de Trump que apareció en el Pentágono fuera parte de una operación más compleja, orientada justamente a promover un grosero aumento del presupuesto militar? Como socio mayor, capataz de la OTAN, desde que reasumió en la presidencia Trump viene presionando para que los países miembros de la alianza occidental destinen un porcentaje cada vez mayor de su producto bruto interno al gasto militar. Trump se ha dado insistentemente el gusto de humillar a sus aliados europeos, decirles que Estados Unidos no seguirá financiando la suicida aventura ucraniana y amenazarlos con retirarse de la OTAN, dejándolos solos ante el “peligro ruso”. Ahora, estaría usando a Argentina para que actúe como un revulsivo, básicamente en Gran Bretaña.

El ultraje y los chantajes, las amenazas sobre todo, están dirigidos a los 31 restantes socios de la OTAN, pero sobre todo a España y Gran Bretaña. En ambos casos sus gobernantes civiles han expuesto a sus respectivas monarquías, al negarse al uso de su espacio aéreo y de las terminales radicadas en sus territorios para que sirvan de base de operaciones de los aviones norteamericanos de la OTAN que parten, se abastecen o hacen escala técnica para cumplir con sus raids asesinos en Gaza o Irán. Pero alguna asesoría funciona todavía en forma equilibrada y le recuerda a Trump que debe diferenciar entre Estados (monarquías) y gobernantes civiles. Además, en el caso inglés, no podía olvidar que tenía en puerta una visita del monarca, que llegaría para una conmemoración adelantada de la independencia.

Para acorralar al español Pedro Sánchez, el primero en cantarle un sonoro “no a la guerra”, Trump se vale de todas las formas de desestabilización, especialmente la movilización de la ultra derecha política del nazismo encarnado en los partidos Popular y Vox. No castiga al Estado. En Gran Bretaña el blanco no es Carlos III, sino el primer ministro laborista Keir Starmer. Ahora se produjo al fin la llegada del rey, primera visita de Estado de un soberano británico desde hace casi dos décadas (2007). No era la persona indicada para atacar y calificar como “cobarde” y “traidor”, como lo hizo con Starmer cuando éste le negó todo apoyo a los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra el mundo persa. Por el contrario, tuvo que digerir alguna chanza, como la que Carlos le lanzó cuando le dijo que si no fuera por el Reino los norteamericanos estarían hablando en francés.

El 27 de abril Carlos III llegó a Washington, y apenas había tomado su primer five o’clock tea cuando su anfitrión entró en estado de cordura, hizo algunas bromas de escasa gracia sobre unos supuestos ancestros galos, se sacó múltiples fotos protocolares y no –incluso una en la que le toquetea el traste a Melany, su legítima esposa– y permitió, y hasta quizás aplaudió, que la web oficial publicara una foto de ambos bajo una sorpresiva leyenda: “Dos Reyes”. Las manifestaciones de repudio a la violencia represiva del presidente son citadas bajo el lema “No Kings”. Ese día, para tranquilidad de la jauría occidental, desubicada por el imaginario respaldo a la causa argentina, Trump fue más que claro y categórico: “Nos une una relación especial y única que será por siempre insustituible e inquebrantable”.



Domingo, 3 de mayo de 2026

Director: Ignacio Villanueva - San Martin 992
ignaciov_1969@hotmail.com - 3772 634929
Copyright ©2010 | Confirmado.com.ar
Todos los derechos reservados

DESARROLADO POR:
www.chamigonet.com.ar