PLATAFORMAS
Coppola vuelve a escena entre la leyenda, el grotesco y lo peor de los ’90
La segunda temporada de la serie profundiza en las surrealistas andanzas del representante. El director Ariel Winograd cuenta cómo intentó equilibrar el disparate y la mirada humana.
Martes, 3 de noviembre de 2026

Desde Cara de queso hasta El gerente, pasando por éxitos como Sin hijos, Mamá se fue de viaje y El robo del siglo, Ariel Winograd fue consolidándose como uno de los directores argentinos con mayor y mejor pulso para el cine comercial. A lo largo de una docena de títulos, el realizador, de 49 años, siempre había apostado al cine como su medio favorito, hasta que los cambios en el mercado y la lógica de las plataformas lo fueron llevando al terreno de las series. Sus dos primeros trabajos en ese formato, Coppola y Menem, no solo fueron tan exitosos como sus películas, sino que también comparten un espíritu lúdico y retro para retratar a dos personajes relevantes de la historia argentina. El éxito dio lugar a las previsibles continuaciones y ahora «Wino» —como todos lo conocen— estrena en Disney+ la segunda temporada de Coppola, mientras prepara la secuela de Menem para Prime Video.
«La responsabilidad que tenés al hacer series es exactamente la misma que la de un director de cine —analiza—. Además, estos son proyectos con presupuestos que a veces son mayores que los de las películas. Para mí, el lenguaje siempre es cinematográfico». Al ver Coppola, con sus constantes homenajes y referencias cinéfilas a películas clásicas, se percibe esa conexión, esa necesidad de enmarcar sus proyectos en la gran historia del cine. «Series como Menem o Coppola me permitieron descubrir cosas que no sabía que podía hacer, rompiendo estructuras y diciendo: ‘¿Por qué no?’”.
Coppola vuelve a escena entre la leyenda, el grotesco y lo peor de los '90
«La vida de Guillermo siempre estuvo pasada de rosca. Eso habilita mucho el juego cinematográfico».
La segunda temporada de la serie sobre el representante de Diego Maradona —entre otros menesteres— recupera otros seis episodios de la vida de Guillermo Coppola, centrados en anécdotas que vivió y que supo contar en libros, programas de televisión y hasta en shows que hacía en fiestas privadas. Interpretado magistralmente por Juan Minujín, este Coppola lidia con la barra brava de Boca Juniors, con la camorra napolitana, con los problemas del casamiento de «el Diego», con algunas crisis personales y hasta con conflictos con la aristocracia británica. Todo, con el desparpajo y la exageración con que «Guillote» revestía sus historias.
«Todo va surgiendo naturalmente», dice Winograd respecto de los apuntes cinéfilos de su serie. «En un capítulo hicimos una escena musical al estilo de las películas de Sandro que no estaba en el guion —explica—. Antes de filmar, nos dimos cuenta de que, al contar la historia de un Coppola enamorado, de 18 años, podía funcionar un homenaje a las películas de Sandro». Junto con la productora Nathalie Cabirón —su pareja—, escribió la letra de la canción y así se armó la escena. «Una vez que tenés el material, empezás a volcar las ideas y las escenas aparecen. Si Coppola está volando y lo quieren bajar a la realidad, pensás en 8½, de Fellini. Si hay que ver por qué no venden la casa de Coppola, se te va armando naturalmente un MTV Cribs. Y así. La vida de él está tan pasada de rosca que te habilita a hacer casi cualquier cosa. Es como esos libros desplegables que abrís para todos lados».
Coppola vuelve a escena entre la leyenda, el grotesco y lo peor de los '90
«Series como Menem o Coppola me permitieron descubrir cosas que no sabía que podía hacer. Me animé a romper estructuras».
Winograd valora mucho el aporte de Minujín a la creación del Coppola televisivo. «Es un personaje que inventamos nosotros —explica—. En la segunda temporada nos permitimos jugar un poco más y exacerbar algunas cosas». Curiosamente, el quinto episodio apuesta por una zona más dolorosa y sensible de Coppola, quien, en medio de varios fracasos y alejado de Maradona, termina convirtiendo su anecdotario en una rutina para shows en pequeños teatros y hasta en eventos privados. «Ahí mandó lo emocional porque se cerraba la historia con Diego —recuerda—. Hay algo muy humano ligado a esa historia de amor que tuvieron. Queríamos mostrar a un tipo que no pierde la dignidad ni tirado en el suelo. En la primera temporada mostramos más los mitos que rodean a las anécdotas. En la segunda mostramos sus aventuras desde un lugar más humano y profundo».
El último y curioso episodio parece contar el detrás de escena de la propia serie Coppola: Guillermo debe lidiar con la propuesta de una productora que quiere filmar su vida con un director y un actor desconocidos para él. «Teníamos la premisa y después Emanuel (Diez) la escribió —recuerda—. La idea era jugar con que Coppola estaba en la ruina y se salvaba agarrando la serie. Lo que queríamos era reírnos de nosotros mismos, ser una anécdota más dentro de ese mundo y contar lo que nos pasó la primera vez que caracterizamos a Juan como él, o presentarle a un director que no sabe nada de fútbol (en la realidad, Ariel se define como “rebostero”). La referencia fue la película Saturday Night y también el caos que fue filmar en la época del Covid. Nos divertía que el tipo terminara salvando su propia serie porque los que están alrededor son todos unos inútiles».
Coppola vuelve a escena entre la leyenda, el grotesco y lo peor de los '90
Juan Minujín se mete en la piel de Coppola entre el mito y la simbiosis.
Winograd cuenta que Coppola les dio carta blanca absoluta para hacer lo que quisieran en la serie. «Él nos consiguió las autorizaciones que le pedimos y entendió que con Juan le íbamos a poner todo el amor del mundo para hacer algo divertido —cuenta—. Para mí era un juego al estilo Bastardos sin gloria, donde una parte de la historia es real y con la otra te vas a cualquier lado. Él entendió que lo hacíamos con respeto y le divierte mucho jugar».
Tras filmar la segunda temporada de Coppola, Wino seguirá con la de Menem, una serie con la que tiene varios puntos en común. «Para mí, Menem es el hermano mayor de Coppola. Ambas comparten esa estética de la Argentina de los ’90 que para los chicos de hoy es algo retro y fascinante, mientras que para nosotros es algo que vivimos en carne propia y recordamos. Estéticamente están unidas por un lenguaje similar. Incluso nos divertía hermanarlas haciendo que Agustín Sullivan interprete a Carlitos Menem Jr. en ambas producciones o jugando con meter guiños cruzados entre las dos. Si bien salen en distintas plataformas, ellos entienden que todo esto es un juego y nosotros disfrutamos mucho jugándolo».
En el medio de todo, el prolífico realizador se las arregló para filmar una película que esperan que se convierta en un gran éxito el año que viene. Se trata de una remake de Muerte en un funeral que se titulará Un funeral y medio. «Fue un desafío alucinante, con un elenco que incluye a Guillermo Francella y Adrián Suar —dice Winograd—. Hicimos esta remake con la visión de poner todos los cañones para que la gente vuelva a las salas».
Coppola, el representante
Segunda temporada. Dirección y showrunner: Ariel Winograd. Guion: Emanuel Diez. Elenco: Juan Minujín, Mónica Antonópulos, Macarena Achaga, Jorgelina Aruzzi. Disponible en Disney+.Martes, 3 de noviembre de 2026