Domingo, 1 de Noviembre de 2026
01/11/2026 13:01:43
EL VOTO AMERICANO
Trump teme una derrota y se cubre gritando ¡fraude!

Si los sondeos no vuelven a pifiar como vienen haciendo tan seguido en todos lados, los demócratas le arrebatarían la mayoría clave en el Senado, que podría frenar su gobierno y hasta aprobar un juicio político. Las maniobras del presidente para ganar o ganar.

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Domingo, 1 de noviembre de 2026

Los estadounidenses tendrán el martes sus elecciones de renovación legislativa, saludable rutina que acaba de cumplir 250 años pero que podría dar un giro fenomenal dentro de dos días, nada más. Por obra y gracia de un presidente que no admite la posibilidad de perder los fueros que le garantizan las mayorías parlamentarias, Estados Unidos podría empezar a escribir la crónica de un incierto futuro. Donald Trump, el presidente en cuestión, asegura como todos los de su estirpe, sin ninguna prueba, que la institucionalidad está en peligro, y no porque él haya dicho que se esté gestando un fraude fenomenal, en su contra, y tire una bomba diaria sobre la pobre inocencia de la gente (Gieco dixit).

El Partido Demócrata (PD) salió de su estado de letargo, y, más gracias a la avanzada autoritaria de Trump que por su propia inercia, llega al martes con posibilidades ciertas de quedarse con la mayoría de ambas cámaras, lo que le permitiría anteponer una sólida barrera a la agenda interna y global, ultraderechista e imperial, del Partido Republicano (PR). Golpeado por las encuestas (en el mejor de los casos 32% de imagen positiva) y por la realidad (caída del empleo, inflación, abandono de la salud pública), Trump salió a hacer campaña como ninguno de sus antecesores lo ha hecho, a un ritmo nada recomendable a sus 80años. Sabe, además, que los precedentes históricos indican que los partidos en el gobierno siempre perdieron las elecciones de medio término, como estas.

Los republicanos mantienen mayorías estrechas en ambas cámaras, 218 a 215 en diputados, que se renueva en su totalidad, y 53 a 47 en senadores, que repone a un tercio. Como en la mayoría de las democracias occidentales, el Senado es el encargado de otorgar venias y confirmar las designaciones presidenciales. Y sobre todo ejecutar juicios políticos, el temor que desvela a Trump. De los 35 escaños en disputa 22 son de legisladores republicanos y 13 de demócratas. Que tengan más para perder no implica que el PR esté necesariamente en posición desventajosa. La mayoría de las bancas que exponen corresponde a distritos conservadores, mientras el PD va a la defensiva en estados competitivos.

Trump teme una derrota y se cubre gritando ¡fraude!

Apenas vista la posibilidad de que podría perder las elecciones –en realidad que podría perder la mayoría del Senado–, Trump empezó a instalar la idea del fraude y, en función de ello, la de cambiar las reglas de juego, ofrecer públicamente una paga de 5000 dólares a cada votante siempre que gane las elecciones del martes, imaginar acciones dirigidas a impugnar e incluso anular el resultado de la votación. Después de asegurar a fines del año pasado que se estaba gestando un fraude, avanzó en enero y en una entrevista con Reuters aseguró que lo hecho por su gobierno es tan bueno que habría que pensar en evitar el costo económico de las elecciones intermedias, borrándolas del calendario electoral.

Su ofensiva está dirigida a alterar los padrones, dificultar el voto de los latinos y abolir el histórico voto postal a través del cual, por ejemplo, y tal como lo consignó el Vaticano, ejerció su derecho el ciudadano Robert Francis Prevost, universalmente conocido como papa León XIV. Y contra el sistema de votación y los fabricantes de las máquinas electorales, que según dijo cuando perdió las elecciones de 2020 e intentó dar un golpe de Estado, estaban programadas para que perdiera. Más de 60 demandas de seguidores del presidente fueron rechazadas por jueces de los 50 estados de la Unión. Al cabo de un litigio que insumió tres años, el ultraderechista Fox News debió indemnizar al fabricante Dominion Voting Systems con 787 millones de dólares.

Trump insiste en denunciar un fraude que hasta ahora nunca se registró. Más precisamente, se registró pero a valores milimétricos. Según el Brennan Center y la Brookings Institution, la tasa de incidentes se sitúa en alrededor del 0,0003 por ciento. Esto y las decenas de causas perdidas en la Justicia no frenan a Trump y el PR en cuanto a que el sistema es permeable y está repleto de fallas. El presidente no les teme ni a la realidad ni al ridículo. En setiembre aseguró que en sus padrones el estado de California contaba con 190 mil votantes ilegales. Días después revisó esa cifra a la baja: la situó en 20 mil personas, casi diez veces menos.

Sobre la base de datos del centro de investigaciones ultraconservador The Heritage Foundation, el diario The New York Times registró que en la suma de los 43 años pasados entre 1982 y 2025, solo 100 personas votaron sin estar habilitadas. “Esto representa –precisó el diario– el 0,000008% (cinco ceros) de los algo más de 1300 millones de votos emitidos en las presidenciales en todo ese período”.

Trump teme una derrota y se cubre gritando ¡fraude!

A 48 horas de la votación, todo dice que los demócratas se consolidan entre los latinos y estos serán quienes den la última palabra en decenas de distritos clave. Después de haber sido decisivos para el regreso de Trump a la Casa Blanca, la última encuesta del TNYT dice que prefieren a los demócratas con una diferencia de 30 puntos. Mexicanos y centroamericanos suman el 20% de los habilitados en 24 circunscripciones que se definen codo a codo. De ellos, el 61% asegura que votará a los demócratas. Sin embargo, ante la amenaza expresa de que el gobierno ordenará el despliegue de los agentes caza inmigrantes en las mesas de votación, muchos dicen que ellos y sus familiares y amigos optarán por no sufragar.

Con los antecedentes golpistas del jefe de la jauría antidemocrática regional y con las directas y las indirectas lanzadas desde el inicio de este proceso electoral, no asombra la serie de preguntas que se formulan los más responsables analistas políticos de Estados Unidos. ¿De ser derrotado, aceptará Trump la decisión legislativa de un probable juicio político? ¿Dejará el gobierno por las buenas? Si ese juicio no pasara y después, en 2028, el PR perdiera las presidenciales, ¿Aceptaría Trump esa derrota? ¿Accionará para impedir la transición, como lo intentó en 2021? ¿Agitará a sus seguidores para desconocer el resultado y destrozar la institucionalidad?

Un «Trumpapalooza» a las apuradas

En sus 172 años de vida, el Partido Republicano ha reunido a su Convención Nacional una vez cada cuatro años, semanas antes de las elecciones presidenciales y para proclamar al candidato partidario. Este año, de golpe, en septiembre, sin orden del día y ante las malas previsiones sobre lo que podría ocurrir el martes 3, Donald Trump citó a los feligreses para celebrar el aquelarre en la cueva fascista de Texas. La ironía mediática llamó al encuentro “el Trumpapalooza norteamericano”. Esta vez hubo otra novedad: el PR se declaró “súbdito de Jesús” y las súper figuras fueron los pastores, que se ganaron su lugar dólar sobre dólar.

“Oremos por nuestro presidente, con gratitud, dios mío, porque tú eres quien puede hacer a América nuevamente más grande”, dijo el pastor Jack Graham (Iglesia Bautista de Prestonwood) al abrir la Convención. Al otro día, el encargado de prender la luz fue su colega Robert Jeffress (de la First Baptist). Si Graham repitió letra por letra el eslogan de campaña de Trump, Jeffress fue más allá. Citó la Biblia como fuente de autoridad y sabiduría, aseguró que “el Partido Demócrata defiende el pecado” y agregó que “Dios nos dio la responsabilidad de protegerlos de los malhechores de afuera y de adentro”. Si no se entendió, dijo inmigrantes y demócratas.

Las megaiglesias de Jeffress y Graham tienen más de 80 mil fieles y son apenas dos de las más de 1500 existentes en el país. Si bien encuentran su auge en el último cuarto del siglo pasado, han sido hábiles para expandirse en éste, valiéndose de la visibilidad que dan las nuevas tecnologías: los dos pastores preferidos de Trump cuentan con cientos de miles de seguidores en las llamadas redes sociales, y sus mensajes llegan diariamente a millones de teléfonos celulares. En las dos últimas elecciones se cotizaron con bastante más de 100 millones de dólares cada una para financiar campañas de candidatos ultraderechistas.

En Estados Unidos se define como megaiglesia a toda entidad pentecostal que tenga una media de 2 mil fieles. Según el Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice de Houston, “Texas y el sur del país son la cuna de líderes evangélicos de peso dentro del nacionalismo cristiano y los republicanos los ampararon hasta convertirlos en referentes de sus electores”.

En el encuentro también estuvo Josh Howerton, pastor de la megaiglesia Lakepointe, fuente esencial de la que maman su ideología los líderes republicanos y sus votantes. Solo en su cuenta de Instagram araña los dos millones de seguidores, y allí y en sus sitios de internet exhorta a las mujeres a “ser sumisas ante sus hombres” y, “como lo haría Jesús, votar por Trump”.

Crece la imagen positiva del socialismo en EE UU

Los partidos Demócrata y Republicano siguen siendo los dueños políticos de Estados Unidos. Son la expresión ciudadana del capitalismo. A nadie se le ocurriría hoy pensar en cambiar el sistema, que alguna forma de socialismo irrumpiera para acabar con el modelo histórico. Sin embargo, una serie estadística que Gallup inició en 2010 muestra que la imagen positiva del socialismo crece lentamente, a la par que la idea de capitalismo cae, también pausadamente. A la hora de afinar la puntería, la encuestadora solo pide que los consultados valoren cada sistema por separado, sin comprometerse, sin hacer comparaciones y sin preguntar si habría o no que cambiar el modelo económico.

La dirigencia política mira los índices con atención, porque esos valores están diciendo algo. O mucho. Véase los números. La imagen positiva del socialismo en la cuna mundial del capitalismo llega a 43%, que es el registro más alto desde que comenzó la serie. Aunque el capitalismo conserva una ventaja nacional, con el 55% de los adultos, el resultado muestra una mejora en la valoración del socialismo, que gana terreno con respecto a los sondeos previos, mientras el capitalismo sigue abajo de sus mejores marcas históricas. En 2010 el 61% de los norteamericanos tenía una imagen positiva del capitalismo, que tras sucesivas caídas se situó el año pasado en 55 por ciento. La diferencia desde el comienzo es de seis puntos. En igual período el socialismo saltó del 36 al 43% actual, creció siete puntos.
Gallup otorga el aumento reciente en la valoración del socialismo a los ciudadanos desligados del monstruo del bipartidismo. Entre ellos la imagen positiva pasó del 37 al 45%, mientras entre los republicanos fue, coherentemente, de apenas el 14 por ciento. La gran potencia está en temporada electoral y Gallup bien lo sabe. De ahí lo que se pregunta y lo que no, en un país en el que desde enero de 2025 –año y mes de regreso de Trump a la Casa Blanca– resurgió la actividad sindical, siempre relacionada con el socialismo, y al menos ocho estados de extremo a extremo, de la occidental California a la oriental Vermont, eligieron gobernantes que se declaran socialistas, entre ellas Nueva York, la ciudad del capitalismo mundial.

Los votos anticipados ya son 48 millones, todo un récord

Cerca de 48 millones de estadounidenses ya habían votado de manera anticipada para los comicios del 3 de noviembre, un nuevo récord para unas elecciones legislativas de medio mandato. El alza era apreciable en los estados clave en disputa, y los demócratas registrados subían respecto a los republicanos. El Election Lab de la Universidad de Florida había registrado 47.922.669 votos anticipados en todo el país el viernes, superando el récord previo de 45,9 millones emitidos antes del día de las elecciones en 2022, reportó el sitio RFI.
El aumento es especialmente marcado en los estados con contiendas muy reñidas para el Senado. En Texas, más de seis millones de personas habían votado de forma anticipada hasta el miércoles, con una participación presencial aproximadamente un 50% superior a los registros de 2022. En Carolina del Norte el voto anticipado había aumentado casi un 37%, mientras que Carolina del Sur superó el total de votos anticipados de todo 2022 el lunes. En los estados que registran la afiliación partidista de los votantes, los demócratas inscritos representan una proporción sustancialmente mayor que el de los republicanos.


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